
Sin lugar a dudas cuando conoces a la vida por primera vez te parece caprichosa. Esos días inexplicables, acontecimientos que se dibujan en un plano entre lo real y lo que “podría ser”, esos sellos de existencia y esa capacidad exclusiva de crear capítulos que sólo pueden entenderse de atrás para adelante en historias que ni el mismo Dios conoce. Pasa todo el tiempo, que es más que un cómplice para la vida.
Aún recuerdo ese día, mi menoría es el único arte que mi cuerpo conserva y espero que continúe así cuando necesite revivir el pasado a través de sueños. Era otro sábado rutinario para juntar mi mamo con la de él, nada cambiaba, ni el sitio ni la circunstancia. Al menos eso era lo que yo pensaba.
-Esperamos a alguien-, eso era lo único que me hizo saber, una persona que yo debía conocer o que quería conocerme. Estaba nerviosa, esa sensación de querer ser agradable a las personas importantes de quienes quieres me atrapó y la vez me sentía molesta, otro sábado más que compartir. Para esos días la vida se me presentaba como un tren que en cualquier momento podía detenerse culminando con mi viaje.
Ese día conocí a la protagonista por excelencia no sólo de este escrito sino de una época maravillosa de mi vida. Al parecer tenia problemas con su celular, le había comprado ese Nokia blanco que tuvo hasta hace un buen tiempo y como no teníamos su nuevo número y el viejo no tenía batería no habíamos podido contactarla. Fue una casualidad. A diferencia de los otros amigos de él, ella era diferente, inspiraba una confianza que pocas personas son capaces de lograr una primera vez. Hablando, descubrimos que éramos más parecidas de lo que pensábamos, comenzando con la música de cierta banda mexicana que narcotizaba ese lugar, que aquella y extraña vez, estaba vacio. Ella y él se decían hermanos así que fue cuestión de tiempo para que nos comenzáramos a llamar “cuñadas”, seudónimo que aún nos acompaña. Así fue que comenzó todo, una de las pocas cosas buenas que me llevé de esa experiencia.
Acontecimientos que se pierden entre tantos recuerdos y que la vida reaparece para comprobarnos que no se trata de un siniestro capricho, sino de un libro muy bien redactado.
En los últimos dos años, he visto la misma película pasar una y otra vez. He tenido que ver a mis amigos partir para jamás volver. Y me toca sonreír, sabiendo que un nuevo futuro se materializa ante ellos y no incluye a este pueblo donde quedó anclada mi barca. Con Oriana, así es el nombre de mi amiga, la película llegó temporalmente a su fin.
No voy a decir que mi blog no se da abasto para describir a Oriana o narrarles toda las aventuras que hemos vivido, que de hecho es así, más no necesito hacerlo pues les aseguro que es una complicidad mutua que no necesita saberla el mundo entero, sino mantenerse en el presente aunque el pasado se aferre a olvidarlas. Sé bien que dentro de esas historias, existieron momentos malos que son necesarios para que toda amistad se haga más fuerte. Y lo siento, si tal vez en algún momento dije palabras fuertes que no necesitaban ser escuchadas, más no me retracto porque sé que a pesar de todo con el tiempo las supiste apreciar y te hacen la persona fuerte que eres ahorita. Hace tiempo que me di cuenta que deje de ver y guiar a mi pequeña amiga, te adelantaste muchos pasos y cuando te encontré ya eras una mujer ahora enseñándome cosas a mi. Yo he aprendido de ti querida amiga. Eres más parecida a mi de lo que crees, y sé que el sufrir es vivir también pero no quiero que comentas los mismos errores que yo una y otra vez, quiero que te des cuenta de lo inmenso que es el mundo y de las posibilidades y casualidades que encierra, y que aún sigo unos pasos adelantados a ti, muchos de ellos con amargas huellas.
Quiero que sigas adelante que cumplas todas tus metas y que no defraudes ni a tus padres, ni a los que creemos en ti y sobre todas las cosas ni a ti misma. Que se escriban historias de nosotras, que lleguemos a la sima, como siempre hemos querido y podamos disfrutarla juntas.
Hay cosas que me duelen y otras que me han decepcionado últimamente. Es que pareciera que me salté un capitulo y me cambiaron de personaje. No quisiera que cambiaras a la razón por la locura y te vistieras para una gala en el que el arrepentimiento es el anfitrión.
Gracias por todos esos momentos, gracias por escucharme en mis tiempos de silencio, gracias por apoyarme cuando nadie me daba una mano, gracias que celebraste conmigo después de fracasos, gracias por compartir capítulos de everwood conmigo, gracias por intentar unirme con lo que yo consideraba mi destino, gracias porque superamos cierto grupo de personas, juntas. Gracias por que te conocí y por que eres mi amiga Oriana Covoult.
Hay tantas cosas que decir, y siento que las olvido pero cuando sea el momento de recordarlas las diré.
Tengo fe de que aunque este pueblo no se dibuje en tu futuro nuestra amistad siga presente.
Si no me despedí esa vez, fue porque no lo creí necesario. Si el adiós de ese día no era lo que esperabas, esta es mi manera de decir “hasta la próxima vez”.
Love u my dear friend.

